27 de Septiembre de 2010.
Hay que salir del edificio principal. Apenas un metro o dos separan el inmueble de lo que se ha convertido en su ampliación. Cuatro aulas prefabricadas en las que los niños estudian Inglés, Religión y Música.
En una de ellas, una veintena de alumnos cantan alegres en inglés. Cuando se abre la puerta callan y miran curiosos. Enseguida saludan: «Hello», «Kaixo». Tienen cinco años y estudian 3º de Infantil.
Suman ya 24 alumnos, una cifra que, de seguir creciendo, obligará a un desdoble para el que, de momento, no hay mucho espacio.
Cada curso supone un pulso nuevo para el colegio público Obispo Irurita de Larraintzar; una lucha por ganar aulas de donde no hay, porque, pese a contar con unos módulos prefabricados desde hace ya 14 años, los problemas de espacio continúan.